La Reencarnación: ¿Es Bíblica?

La Reencarnación: ¿Es Bíblica?

por Pablo Santomauro

El actor Richard Gere desea obtener la “liberación final” que ofrecen sus creencias en la reencarnación. Pero si no puede lograrla luego de esta vida, preferiría reencarnar de nuevo. Eso sí, preferentemente en un cuerpo humano, para seguir aprendiendo [1]. Sylvester Stallone cree que fue una vez un simio que vivió en las selvas guatemaltecas y Shirley MacLaine sabe que en el pasado fue una prostituta que terminó decapitada [2]. Otros personajes de Hollywood que creen en la reencarnación son Steven Seagal, que sigue el budismo tibetano, Billy Boyd, el actor escocés que hizo el personaje del hobbit Pippin en Lord Of The Rings (El Señor del los Anillos), John Travolta y Tom Cruise, estos dos últimos en el contexto de la Cienciología, pero reencarnación al fin.

La reencarnación, según las religiones de oriente como el hinduísmo y el budismo, es básicamente la creencia de que nuestra alma o “esencia” después de la muerte es transferida o inyectada en otro cuerpo al momento del nacimiento. Esto se repite por tiempo indefinido (millones de años quizá) hasta que el alma termina de pagar todas sus malas acciones. Es entonces cuando se alcanza la perfección, el alma deja de existir como individualidad y se integra con el universo mismo, o puesto de otra forma, se hace uno en perfecta unión con lo Divino.

Muchos dicen que La Biblia es compatible con la reencarnación hasta el punto de que algunos pasajes la enseñan. ¿Es cierto esto? La respuesta es un categórico NO. En verdad,  la doctrina contradice de plano la Escritura.

La reencarnación promueve la idea de que el individuo puede alcanzar la salvación por sí mismo por medio de un sistema de obras y rectitud moral. La Palabra de Dios nos dice: “[Dios] nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia” (Tit. 3:5). No hay nada que nosotros podamos hacer para salvarnos, es sólo la gracia de Dios la que nos extiende el regalo de la salvación (Ef. 2:8-9).

La idea de la reencarnación es especialmente atractiva para aquellos que conscientemente o no, evitan la irremediable verdad de que un día tendrán que rendir cuentas personalmente ante un Dios soberano del porqué rechazaron la oferta de salvación que él  proveyó por medio de la muerte de Cristo en la cruz.

El peligro de creer en la reencarnación es que la persona llega a pensar que tiene varias oportunidades para ir mejorando en sus vidas venideras. La Biblia dice por el contrario, “He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación.” (2 Co. 6: 2)

Hebreos 9:27 dice que “está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”. Segunda de Pedro 2: 9 expresa: “Sabe el Señor librar de tentación  a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio”. En otras palabras, sólo hay una muerte por cliente, no hay boleto de ida y vuelta.

En el capítulo 9 de Romanos, Pablo, hablando de la soberanía electiva de Dios en cuanto a los hijos de Isaac, Jacob y Esaú, hace un comentario muy interesante que indirectamente milita contra la idea de la reencarnación: “Pues no habían aún nacido [Jacob y Esaú], ni habían hecho aún ni bien ni mal.” (Ro. 9:11). Esto es importante porque la doctrina de la reencarnación indica por deducción que si una persona nace es porque el alma aún debe pagar por acciones erróneas del pasado, sin embargo Pablo dice que antes de nacer, ni Jacob ni Esaú habían hecho ningún mal ni bien. Esto, desde el punto de vista bíblico, aniquila la teoría de la reencarnación.

Solamente Cristo puede “quitar el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Fue Su nacimiento y Su muerte las que tienen relevancia en la vida del creyente. El estado de perfección no se alcanza con un sistema ficticio de reciclaje del alma, sino poniendo nuestra confianza en la obra completa de Jesucristo en la cruz. Hebreos 10:14 dice que “con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados”. La Escritura nos dice, además, que el estar ausentes del cuerpo es estar presentes al Señor (2 Co. 5:8). La esperanza del cristiano no está en reencarnación del alma sino en la resurrección del cuerpo (1 Co. 15:42-55).

En la reencarnación, nuestro futuro definitivo sería finalizar el ciclo de morir y volver a nacer para escapar totalmente de la existencia humana. En la Biblia, nuestro futuro definitivo es vivir como seres humanos resucitados, glorificados e inmortales.

La reencarnación no puede ser asimilada a la cosmovisión cristiana. Es definitivamente incompatible con el cristianismo bíblico. <>

*Este Artículo ha sido publicado con el permiso de el hermano Pablo Santomauro*