Santa Claus Una Perspectiva Cristiana

Santa Claus 
    Una Perspectiva Cristiana

Santa Claus, algunos lo satanizan y otros lo sanitizan. ¿Es posible rescatarlo del Polo Norte y situarlo propiamente en la historia del cristianismo?

Hay un sólo tópico donde algunos fundamentalistas cristianos se dan la mano con los Testigos de Jehová y la secta de los Pentecostales Unicitarios, y éste es la fobia que le tienen a la Navidad. Esta “navidofobia” no va dirigida solamente hacia la celebración del nacimiento de Jesús y el uso del árbol de Navidad. Hay un tercer enemigo que los mantiene ocupados durante esta época, se llama Santa Claus.

“Satán es Santa Claus”, “El diablo en su chimenea”, “Santa Claus es el anticristo”, “Santa Claus: Imitación Satánica de Jesús”, etc., y otros títulos descabellados son comunes en la literatura de algunos grupos. Debemos dar crédito a los Testigos de Jehová en el sentido de que por lo menos no identifican al pobre Santa como Satanás. Ese lunatismo extremo sólo se ve entre algunos cristianos, lamentablemente.

El dilema que confrontan los padres cristianos con hijos pequeños es qué decirle a los niños. ¿Existe Santa Claus o no existe? ¿Es cruel decirle a los chicos que los que compran los regalos son sus progenitores? Muchos padres se sienten culpables por el hecho de mentirle a los niños. Por otro lado, no quieren privarlos de sentir la emoción, la ilusión o expectativa del arribo de Santa Claus. ¿Qué debemos hacer?  Sobre el final del artículo sugeriremos la mejor alternativa posible para el cristiano. Pero antes, una breve reseña sobre Santa Claus. 

El origen de las leyendas en torno a este personaje está lejos de ser pagano. Por el contrario, San Nicolás fue un obispo de la Iglesia durante el siglo cuarto, en la ciudad de Mira, provincia de Licia. La ciudad es mencionada en Hechos 27:5, la nave en la que viajó el apóstol Pablo hizo escala allí. 

Dice la tradición que el obispo perteneció a una familia acaudalada. Fue famoso por su generosidad y sabiduría, y fue un hombre que amó mucho al Señor. Una de las historias sobre su vida lo ubica presente en el Concilio de Nicea en el 325 d. C., donde el conocido hereje Arrio de Alejandría atacó la Deidad de Jesús.  Los informes indican que San Nicolás, irritado por los ataques a la Deidad de Jesucristo, cruzó la sala de reunión del Concilio hasta donde estaba Arrio y sin decir “agua va” le noqueó de una trompada. Hoy en día puede ser fácil criticar esta actitud sin conocer las circunstancias vividas en ese momento de la historia, cuando el destino mismo del cristianismo estaba en juego.

San Nicolás muere como mártir en 340 d.C. Posteriormente, en el siglo 11 sus restos son llevados por unos soldados italianos a Italia, donde se construyó una iglesia en su honor en la ciudad de Bari, puerto del sur de Italia. Por ello se le pasa a conocer luego con el nombre de San Nicolás de Bari. Más adelante, por supuesto, se crea toda clase de leyendas alrededor de él, como es típico de los paganos.  Ya para el siglo 12 comienza en Europa una festividad en Alemania, Francia y Holanda, donde se practicaba la caridad y se daban regalos a los niños y a los pobres. Para ese entonces su nombre ya era Sankt Nikolaus en Alemania, Pere Noel en Francia, y Sinter Klaas en Holanda, nombre éste último que luego evolucionó a Santa Claus en suelo americano.

Esta es, en breve, la perspectiva histórica del verdadero Santa Claus. Ahora que ya la conocemos, ¿cómo deshechamos lo que es leyenda e incorporamos lo que es verdad acerca del personaje a los efectos de comunicárselo a los niños? La forma de plantearle a sus hijos el tema de Santa Claus que expongo a continuación es adaptado de www.answers.org, la página de los hermanos Passantino. A medida que la leen, tengan en cuenta que los datos históricos, de acuerdo a los documentos existentes, no son ficticios sino verdaderos:

“Había una vez, hace mucho tiempo, un cristiano muy especial. Su nombre era Nicolás, y nosotros le llamamos San Nicolás, porque “santo” quiere decir alguien que pertenece a Dios, alguien que es de Dios, al igual que nosotros. En el pueblo de San Nicolás había muchos niños pobres. Ellos no tenían suficiente comida, ni ropas, ni juguetes. San Nicolás usaba su dinero para comprar comida, ropas y juguetes para los niños pobres. San Nicolás no quería avergonzarlos con los regalos y se los daba secretamente. Por lo general los dejaba en las puertas de las casas durante la noche.” 

“Había algo más que Nicolás hacía, le hablaba a toda la gente acerca de Jesús y cuánto los amaba Dios. Mucha gente se convirtió Cristo gracias a las palabras que San Nicolás les decía. Pero entonces, unas personas malas que odiaban a Jesús pusieron a San Nicolás en la cárcel para que ya no pudiera hablarles a la gente acerca de Jesús, y para que ya no ayudara más a nadie . Pero a pesar de esto, San Nicolás siguió hablando acerca de Jesús hasta que finalmente lo mataron.” 

“Nosotros recordamos a San Nicolás en la época de Navidad por la forma en que amó a Cristo Jesús y por los regalos que le daba a los niños pobres de su pueblo. Todos los regalos que el dio, y todos los regalos que nosotros damos para Navidad, son para recordarnos del mejor regalo que jamás alguien dado, y eso sucedió cuando Dios el Padre dio a su Hijo único, Jesucristo, para que nosotros seamos salvos.” 

“Hoy en día hay mucha gente que no conoce la verdad acerca de San Nicolás. Ellos lo llaman Santa Claus, y le cuentan a sus niños historias de mentira, que vive en el Polo Norte, que tiene renos, enanitos y otras cosas. Pero nosotros sabemos la verdad, y cuando entramos en una tienda y vemos a un hombre vestido de Santa Claus, o vemos una foto o un dibujo de Santa Claus en una revista, nos acordamos del verdadero Santa Claus, que amó mucho a Jesús, tanto que su vida y su muerte nos recuerdan del regalo que nos hizo Dios, Jesucristo” 

Esta es, en pocas palabras, la explicación más equilibrada que los padres cristianos pueden dar a sus hijos acerca de Santa Claus. 

¡Feliz Navidad!  <>

*Este artículo fue publicado en este blog con el permiso del apologista Pablo Santomauro.

Pablo Santomauro

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