Por qué no soy ateo

Por qué no soy ateo

por Pablo Santomauro

Quisiera ser ateo pero el sentido común no me lo permite.

Hay diferentes tipos de ateo. El ateo que encontramos con más frecuencia está en la preparatoria y en las universidades. Es el que dogmáticamente dice “Dios no existe”.

A este tipo de ateo se le puede descontar rápidamente. En realidad lo que está diciendo es:

En todo el universo nunca hubo en el pasado, ni hay en el presente, ni habrá en el futuro, ningún Dios, dioses o diosas, de ningún tipo, forma o descripción.

El problema es que la única persona que puede hacer este tipo de afirmación sería Dios mismo. En otras palabras, el ateo tendría que transformarse en Dios para poder decir enfáticamente que no hay Dios.

Alguien solo puede decir que Dios no existe si pudiera estar en todos lados al mismo tiempo, en todo el pasado, presente y futuro, y descubrir que no encontró ningún Dios. Esto significa que la persona tendría que ser omnipresente, omnisciente y omnipotente. En síntesis, tendría que ser Dios.

Si únicamente un Dios eterno e infinito puede decir lógicamente que Dios no existe, ello en sí mismo es una proposición autocontradictoria y por lo tanto irracional.

Conclusión:

El credo implícito del ateísmo viola la leyes de la lógica, y por consiguiente es irracional e inaceptable para la mente educada.

Quisiera ser agnóstico pero el sentido común no me lo permite.

El agnóstico es un tipo de ateo que conoce que el ateísmo tradicional u original tiene sus bases en arena movediza. Es un ateo un poco más inteligente que sabe que el ateísmo tradicional ya ha sido refutado y sepultado.

Existen dos clases de agnósticos, el ordinario (en el buen sentido) y el agresivo intelectualmente. El agnóstico ordinario dice, “Realmente no sé si Dios existe o no. Si usted puede mostrarme la evidencia por Su existencia, yo aceptaré la verdad.”

El agresivo dice “Yo no sé si Dios existe, usted no sabe si Dios existe, y nadie puede saber si Dios existe.”

El agnóstico ordinario es alguien que dice que mantiene un criterio amplio y si la existencia de Dios puede ser probada con evidencias aceptables, entonces creería en Dios.

La clave para esta clase de mentalidad es que las evidencias o pruebas deben ser “aceptables” para él. Es por ello que cuando usted le presenta evidencia sólida por la existencia de Dios, basada en la razón o la experiencia, el agnóstico se escabulle diciendo que eso no es “aceptable” para él.

Es por esta razón que usted se puede agotar corriendo al agnóstico de un argumento a otro sin resultados. Ellos racionalizan cualquier evidencia que se les presente. Un ejemplo de lo que digo es el intento de negar la historicidad de Jesús de Nazaret. Algunos agnósticos modernos reclaman que no hay evidencias de que Jesús existió.

Cuando se analizan los argumentos que presentan los agnósticos para negar las evidencias tradicionales de la existencia de Cristo, la impresión que nos queda es que si aplicamos el mismo criterio que los agnósticos usan para Cristo con otros personajes de la historia, también tendríamos que negar la existencia de Julio César, de Artigas o San Martín.

Lo que tenemos aquí es un doble criterio, uno se aplica en ciertos casos y el segundo en otros. Aplican para Jesucristo ciertos criterios que no aplican para otros personajes de la historia.

En el análisis final, la mayoría de los argumentos dados por los agnósticos, escépticos y “libres pensadores” contra la existencia de Dios, la inspiración de la Biblia o la historicidad de Jesucristo, tiene base en falacias lógicas tales como la “defensa especial”.

Esto significa que en su caso contra el cristianismo, los agnósticos no tienen ningún argumento real en absoluto.

El agnóstico intelectualmente agresivo

Como ya mencionamos, este tipo de agnóstico asegura fehacientemente que nadie puede saber si Dios existe. En realidad se trata de un ateo “encubierto” o “de la secreta”, como decimos por el sur. Este ateo ha sido forzado por los teístas inteligentes a admitir que el ateísmo tradicional es una absurdidad filosófica. Además, sabe que probar un negativo universal (en este caso, que Dios no existe), es una tarea imposible. Mejor es pretender ser un agnóstico.

Cuando alguien dice que es imposible saber si Dios existe o conocer a Dios, en realidad se refuta a sí mismo. La única forma de saber eso es saber todo acerca de Dios. Por lo tanto, el reclamo de que Dios es imposible de ser conocido es irracional.

También es irracional que los agnósticose supongan que si ellos no pueden conocer a Dios, el resto del mundo tampoco puede. Los atributos de una parte no pueden ser atribuídos al total. Solo porque ellos sean ignorantes de la existencia de Dios, no significa que los demás lo son.

El último refugio del agnóstico es decir que nadie puede estar seguro de conocer nada. Un amigo mío lo puso de esta forma: “Claro, parecería que si bien dicen que nada es conocible, en realidad parecen conocer exactamente que nada es conocible. ¿Es posible conocer que nada es conocible?”

Si me permiten el sarcasmo, la verdad es que son agnósticos hasta que la mujer los divorcia, entonces recurren a un abogado que en realidad conoce de leyes. Puesto de otra forma, son agnósticos hasta que se enferman seriamente, entonces recurren a un doctor que aparentemente conoce ciertas cosas que sí son conocibles.

Conclusión:

Hemos visto la absurdidad de la posición atea con algunos de los argumentos que la rinden totalmente irracional. Como cristianos, nuestro objetivo debe ser estar preparados para tratar con el ateo no solamente para derribar su sistema de creencia, el cual requiere más fe que la necesaria para creer en Dios.

Luego de demostrarle que sus creencias no tienen sentido, comparta con el ateo sincero, no el intelectualmente deshonesto, evidencia lógica de la redención que solo se encuentra en Cristo, y el destino eterno que de ella depende.

El cristianismo comienza con la premisa de la existencia del Dios de la Biblia, el Creador y Sustentador del universo. Es posible que el cristiano por medio de su testimonio y la oración, pueda ser un instrumento de Dios para que el ateo abrace la única fe que salva.

*Este artículo fue publicado en este blog con el permiso del apologista Pablo Santomauro.

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