El Diseño Inteligente (o cómo avergonzarse de Dios)

El Diseño Inteligente

(o cómo avergonzarse de Dios)

por Pablo Santomauro

El Diseño Inteligente, también llamado Argumento del Diseño, sostiene que la naturaleza muestra indicios tangibles de haber sido diseñada por una inteligencia preexistente. El concepto ha existido, en una forma u otra, desde los tiempos de la antigua Grecia.

La versión más conocida del argumento del diseño es la de William Paley, quien en 1802 propuso la tesis del “relojero”. Paley planteó el caso de la persona que atravesando un baldío tropieza con una piedra y al preguntarse cómo la piedra vino a estar allí, la respuesta podría ser que estuvo allí eternamente. Pero si en lugar de encontrarse con una piedra, el hombre hubiera pateado accidentalmente un reloj, al hacerse la misma pregunta la respuesta no sería la misma. Por el contrario, la fina coordinación de las piezas del reloj llevarían a la persona a concluir que alguien, en algún momento y lugar, diseñó y construyó el mecanismo con un propósito determinado.

Paley sostenía que era adecuado llegar a la misma conclusión tratándose de muchas cosas naturales, como el ojo, por ejemplo. De la misma forma que las componentes de un reloj eran diseñados para dar la hora, las partes del ojo habían sido adaptadas para ver. En ambos casos, Paley decía que era posible discernir las huellas un diseñador inteligente en el fino y delicado balance de la creación. Tal diseñador era Dios, según Paley y otros “teólogos naturales” que le siguieron.

Charles Darwin le dio un tiro en la cabeza a este argumento del diseño y el caballo quedó inerte por un tiempo. Darwin, en lugar de señalar hacia un universo finamente equilibrado como Paley, apuntó hacia las imperfecciones y la brutalidad de una naturaleza cruel. Darwin triunfó sobre Paley.

Décadas más adelante, el caballo fue revivido. Por el decenio de 1980, y con los avances hechos en el campo de la biología, una nueva generación de científicos (biólogos, matemáticos, químicos y filósofos de la ciencia) comenzó a reconsiderar la teoría del diseño inteligente. Estos hombres formularon una nueva versión del diseño que tiene la virtud de carecer de los aspectos vulnerables de las versiones previas.

Según William Dembski, a esta nueva versión se le llamó Diseño Inteligente para distinguirla de las anteriores. Esta nueva entrega del Diseño es mucho más tímida y modesta que las otras ya que en lugar de inferir la existencia y el carácter de Dios en la naturaleza, simplemente proclama que existen causas inteligentes para explicar las complejas estructuras biológicas ricas en información, y esas causas son empíricamente detectables (What is Intelligent Design? http://www.arn.org/idfaq/What%20is%20intelligent%20design.htm).

Si usted tenía la impresión de que los promotores del Diseño Inteligente eran cristianos comprometidos con sus creencias, lamento decirle que el Hijo de Dios, por medio de quien fueron hechas todas la cosas (Col. 1:16), en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento (Col. 2:3), el Diseñador de la vida (Hch. 3:15), la materia, energía, espacio y tiempo, ha sido olímpicamente ignorado por los brillantes expositores del “diseño inteligente”.

Los proponentes del Diseño Inteligente creen que el evolucionismo puede ser derrotado por medio de argumentos científicos y racionalistas sin necesidad de recurrir a la Biblia o al Creador del universo, nuestro Señor Jesucristo. El libro de Génesis interpretado como historia literal parece ser algo de qué ruborizarse, un obstáculo que se debe rodear o algo innecesario de tomar en cuenta en el debate con los científicos partidarios de la teoría de la evolución.

Veamos las palabras de Philip Johnson, uno de los voceros del Diseño Inteligente: “Dejen la Biblia y el libro de Génesis fuera del debate porque ustedes no quieren suscitar la dicotomía Biblia-ciencia. Formulen el argumento de forma que se escuche en los medios académicos seculares y que tienda a unificar a los disidentes religiosos. Esto significa concentrarse en, ‘¿Se necesita un Creador para hacer lo creado, o puede la naturaleza hacerlo por sí misma?’ y rehúsen ser descarrilados hacia otros temas … Ellos preguntarán, ‘¿Qué piensa usted del diluvio de Noé?’ o algo por el estilo. Nunca muerdan el anzuelo porque serán arrastrados hacia una vasta tierra de nadie de la que nunca podrán salir (“Berkeley’s Radical” in Touchstone 15:5 [June, 2002], p. 41).

¿Por qué se deja a Dios de lado en el Diseño Inteligente? ¿Es posible honrar a Dios con tal estilo de debatir la creación? ¿No está Dios inextricablemente ligado a su Creación? ¿Por qué se avergüenzan de Dios estos científicos? ¿Acaso no conocen que Cristo dijo que a quien le negara, él le negará delante del Padre? ¿Es ésta la forma correcta de hacer apologética?

La respuesta yace en la antigua controversia entre la apologética evidencial (o natural) y la apologética presuposicionalista. La primera propone que el hombre puede descubrir la existencia de Dios contemplando la naturaleza y la otra afirma que cualquier razonamiento humano que no presuponga la existencia del Dios bíblico en forma axiomática, reduce todos los esfuerzos apologéticos a la nada.

Aquellos que creemos que luego de la Caída de la raza humana, el hombre es incapaz de creer en el Evangelio para salvarse, que el pecador está espiritualmente muerto, ciego y sordo en cuanto a las cosas de Dios, que su voluntad no es libre (no tiene libre albedrío) en lo relacionado con la dimensión espiritual y que es esclavo de su naturaleza pecaminosa, creemos que no importa cuánta evidencia se le presente al hombre por la causalidad de un pedazo de roca, no va a creer en Dios. Por lo tanto, los esfuerzos apologéticos orientados al diseño inteligente y la teología natural, son futiles.

Existe en algunos círculos la idea de que se debe asumir una posición neutral, una actitud no comprometida con la Biblia, a los efectos de poder lograr que el mundo académico secular escuche nuestros argumentos. Al tomar este camino dejamos de ser testigos del mensaje de Cristo. Greg Bahnsen escribió una vez: “El apologista que falla en no tomar en cuenta la naturaleza evangelística de su argumentación es cruel y arrogante. Cruel porque no considera la profunda necesidad de su oponente, y arrogante porque le importa más demostrar que él no es un académico tonto, antes que darle la gloria a Dios por la toda la verdad” (Evangelism and Apologetics, http://www.cmfnow.com/articles/PA013.htm).

Bahnsen dio en el clavo, como se dice popularmente. Algunos apologistas, demasiados quizá, son neutralistas por excelencia y consideran que no deben usar ninguna premisa bíblica al presentar sus argumentos. En otras palabras, el cristiano debe renunciar momentáneamente a sus creencias y adoptar una actitud neutral o imparcial con oponentes cuya cosmovisión es radicalmente opuesta a la cristiana. Esto significa, en mi opinión, convertirse en un testigo de Cristo impotente, inefectivo en su evangelismo y raquítico en su apologética.

Dios, por el contrario, demanda que nuestro evangelismo sea apologéticamente presuposicional, o sea totamente comprometido con la verdad de Dios en todos nuestros pensamientos y nuestros proyectos académicos. Evitar, esconder, camuflar o avergonzarse de Cristo y Su Evangelio para ganar la audiencia del inconverso es antibíblico y despoja cualquier razonamiento del poder de Dios para salvación. Si todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento están escondidos en Cristo Jesús (Col. 2:3), ¿por qué buscar otras avenidas para presentar la verdad de la creación o cualquier otra? Toda tarea académica debe comenzar con la afirmación inamovible de que Cristo es el camino, la verdad y la vida (Jn. 14:6).

En lugar de ser “neutros” en nuestros razonamientos, el cristiano está obligado por convicción sobrenatural a presuponer la palabra de Cristo en todo terreno o área de conocimiento. No hacerlo equivale a participar en el engaño y caer en la trampa de las filosofías y huecas sutilezas producidas por el sistema humanista (Col. 2:8).

Corresponde preguntarle a los proponentes del diseño inteligente si su aproximación a la apologética llegara a convencer a alguien de que hay una inteligencia detrás de la naturaleza, ¿haría del convencido un creyente en el Dios de la Biblia? ¿En un espagueti intergaláctico o una supercomputadora en el espacio? ¿O la persona pasaría a ser nada más que un creacionista-inconverso? De la misma forma podemos preguntarle, ¿la existencia de qué Dios está tratando de probar? ¿El del panteísmo, Alá, Zeus, el de los mormones, etc?

La verdad es que todo razonamiento que no comience con la revelación de Dios en la Biblia es un salto a la oscuridad. Si el hombre puede descubrir la naturaleza, la existencia y los atributos de Dios partiendo de la razón humana, aparte de la Revelación encontrada en la Escritura, el hombre pasa a ser la medida de todas las cosas. Esa es la inevitable conclusión a la que se llega por medio del diseño inteligente, que en el análisis final es otro producto de la apologética natural o evidencialista. Ciertamente, el “diseño inteligente” no encuadra dentro del diseño de Dios para lograr la salvación de los pecadores.

Los autores bíblicos no comienzan con la experiencia o el razonamiento humano para probar que Dios existe. En el comienzo de la Biblia se presupone que Dios existe (Gn. 1:1). La existencia de Dios nunca es cuestionada. Los autores de la Escritura comienzan con Dios como la explicación para la existencia del hombre y no viceversa. Para ellos, Dios es la medida de todas las cosas, incluyendo el hombre. Dígale no al Diseño Inteligente, dígale sí a la Revelación Especial de Dios. <>

*Este artículo ha sido publicado en este blog con el permiso del apologista Pablo Santomauro.

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