El Bautismo de Jesús y el inefable giro modalista

El Bautismo de Jesús y el inefable giro modalista

por Pablo Santomauro

Y Jesús, después que fue bautizado, subió luego del agua; y he aquí los cielos le fueron abiertos, y vio al Espíritu de Dios que descendía como paloma, y venía sobre él. Y hubo una voz de los cielos, que decía: Este es mi Hijo amado, en quien tengo complacencia. (Mateo 3:16-17)

En este pasaje tenemos a Jesús en el agua, el Espíritu Santo descendiendo sobre él en forma de paloma, y la voz del Padre diciendo “Este es mi Hijo amado”. Más allá de que el pasaje es básicamente narrativo, el cristianismo histórico siempre ha señalado que el contexto describe a tres personas presentes simultáneamente, lo que constituye un esbozo de la Trinidad.

Los unicitarios (o modalistas) pretenden explicar el pasaje diciendo que tanto la paloma como la voz proveniente del cielo, fueron sólo manifestaciones del mismo Dios o del mismo Jesús por medio de su omnipresencia. David K. Bernard, de la UPC (Iglesia Pentecostal Unida) dice que para un Dios omnipresente no es ninguna dificultad manifestarse de varias maneras al mismo tiempo. La voz fue para beneficio del pueblo, indicando que Jesús comenzaba su ministerio, y la paloma, una señal para Juan el Bautista indicándole quién era el Mesías y simbolizando una especie de unción sobre Jesucristo [1].

Todo esto suena muy bonito, pero en realidad se parece a una película con efectos especiales, tanto visuales como de sonido, y en definitiva presenta a un Dios que recurre a métodos engañosos para comunicarse con su pueblo.

Habiendo dicho esto, corresponde especificar que los trinitarios no pensamos que Mateo 3:16-17 prueba por sí solo la doctrina de la Trinidad. Al contrario de los unicitarios, ningún trinitario basa sus creencias en la Trinidad en un solo versículo, sino más bien en la evidencia acumulativa presentada en toda la Escritura. Cuando Mateo 3:16-17 es considerado individualmente, presenta a tres personas actuando simultáneamente, y si bien por sí solo no constituye una prueba de la Trinidad, considerado en conjunto con otros pasajes, sí podemos decir tranquilamente que apoya la Trinidad. Al estudiar la Biblia sistemáticamente, podemos afirmar que las tres personas mencionadas en este pasaje – Padre, Hijo y Espíritu – son Dios, por lo tanto, existe una pluralidad en la esencia de la Deidad.

Como nota adicional, aprovechamos para lamentarnos junto con los amigos unicitarios: ¡Qué magnífica oportunidad dejó pasar el Espíritu Santo (o el Padre según los unicitarios) para enseñar la doctrina de la unicidad de Dios! La voz del cielo bien pudo haber dicho: “Ese que ustedes ven en el agua es mi Hijo amado, que en realidad soy yo manifestado en carne, y la paloma representa al Espíritu Santo, que también soy yo (el Padre)”. Dios podría haber hecho lo mismo en los otros pasajes donde habló desde los cielos (Mt. 17:5; Jn. 12:30), lo que hubiera evitado todo el problema que tenemos hoy entre unicitarios y trinitarios. Pero parece que Dios prefirió inspirar a Mateo para que estructurara el pasaje con un claro sesgo trinitario. ¿Nos dice algo eso? <>

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*Este artículo fue publicado en este blog con el permiso del apologista Pablo Santomauro.

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