¿Es el Cristianismo una muleta psicológica?

¿Es el Cristianismo una muleta psicológica?

por Pablo Santomauro


Quiero francamente manifestar que me alegro cada vez que navegando por la internet encuentro material evangelístico que hace un esfuerzo por preparar al cristiano en su tarea evangelizadora, enfocándose en cómo responder frente a las objeciones y preguntas que son planteadas por aquellos que son el objeto de nuestra pasión evangelizadora. 

Corresponde, al mismo tiempo, señalar que mucho de este material no proviene de personas que se especializan en apologética, y si bien es deber de todo cristiano saber lo que cree y por qué lo cree, nunca está de más consultar con apologistas de la fe cristiana antes de escribir tratados al respecto.

A través del tiempo, la resistencia de evangelistas y pastores a reconocer que en el cuerpo de Cristo todos tenemos dones y roles diferentes, ha llevado a muchos a desdeñar o prescindir de la apologética. Pienso que esto es consecuencia del anti-intelectualismo que prevalece en filas del evangelicalismo. Como consecuencia, se ha privado al cristiano de manejar los mejores argumentos para superar las objeciones o críticas a la fe.

Un típico ejemplo lo encontramos en el material presentado a continuación. Por razones obvias omitiremos el autor y la fuente del material, pero se trata de un intento sano y encomiable por parte de un hermano en Cristo para equipar al cuerpo de Cristo en materia evangelística. El artículo presenta muchas objeciones y luego da ideas y conceptos de cómo contestarlas. Tomemos una como ejemplo:

Objeción: ¿Acaso no es puramente psicológica la experiencia cristiana?

Sugeridas respuestas a personas que tienen tal queja: 

a. Si yo fuera el único cambiado por el cristianismo, tal vez sí. Pero hay creyentes ancianos, jóvenes, optimistas, pesimistas, extrovertidos, reservados, emocionales, controlados, cultos, iletrados, profesionales, campesinos, ricos y pobres. No son los creyentes de una sola categoría. Y somos millones. 

Considere esta profecía en Ap. 5:9, que comenta de los que estarán en el cielo: 

“y cantaban un nuevo cántico, diciendo: Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos; porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre nos has redimido para Dios, de todo linaje y lengua y pueblo y nación.” 

b. La cristiandad se basa en la historia. Nos unen los eventos de la crucifixión y resurrección de Cristo. Casi todo el mundo acepta que Cristo vivió y murió. La resurrección se cree por la evidencia: Cristo fue visto por más de 500 personas (1 Co. 15:1-8), sus discípulos temerosos fueron transformados completamente, el día de adoración se cambió en una sola semana del sábado al domingo, la iglesia se formó, etc. Sin la resurrección, no tenemos nada (1 Co. 15:12-19). 

c. Al momento de conversión, sí hay “experiencias”: se siente la paz, desaparece el sentir de culpabilidad, viene gratitud y el aprecio por el amor de Dios, etc. Pero, ¿cómo puede uno sentirse libre, si no ha sido librado? 

Yo quisiera agregar mi respuesta ante la objeción planteada en el título. Pero antes y con todo respeto para el hermano que sugirió las respuestas anteriores, quiero señalar que ninguna de sus respuestas contesta la objeción desde el punto de vista de la apologética.

La respuesta “a” no prueba nada. También hay budistas, mormones, testigos de Jehová, bahai’s, alcóholicos anónimos, etc. que han cambiado sus vidas luego de hacerse adeptos a las diferentes religiones o grupos alrededor del mundo. Y también son millones. Sí ya sé, no han nacido de nuevo – pero desde el punto de vista del incrédulo, el cambio de estas personas es tan válido como el del verdadero creyente en Cristo. 

La respuesta “b” es irrelevante con respecto a la objeción planteada. El islam también se basa en la historia. Mahoma vivió y murió. Sus discípulos también fueron en cierta forma “transformados” (en bestias diría yo). Los musulmanes creen que Jesús no murió, el islam conquistó medio mundo, etc. Sin Mahoma, no tendríamos islam (ojalá hubiera sido el caso).

La respuesta “c” reconoce que hay “experiencias” durante la conversión. El argumento es inválido ya que los mormones y otros sectarios  también “sienten” experiencias. Pregunten a los rastafaris.

Teniendo en cuenta que la objeción viene regularmente de personas ateas o agnósticas, volvamos a la pregunta ¿Acaso no es puramente psicológica la experiencia cristiana? La pregunta tiene otras variantes, pero todas expresan la misma noción, por ejemplo: “El Cristianismo no es más que una muleta psicológica. Por eso no voy a aceptarlo”. Otra variante sería: “Dios no existe porque el Cristianismo es una experiencia puramente psicológica”.

La respuesta apropiada de manejarse dentro de estos términos:

“Me alegro que usted admita que el Cristianismo llena las necesidades psicológicas y emocionales del hombre. Si el Cristianismo es verdad y si en realidad viene de Dios, quien creó al hombre, esto es exactamente lo que debemos esperar. En otra palabras, es perfectamente lógico que el Creador provea una religión que suministre lo necesario para satisfacer las necesidades del ser humano. Lo que usted está diciendo es que Dios no existe porque él suple para las necesidades del hombre. ¿Cree usted realmente que lo que llena las necesidades del ser humano, no existe? Porque si usted realmente cree eso, va a tener que negar una plétora de cosas que usted sabe que existen”.

A estas alturas ya puede darle al ateo un vaso de agua con dos aspirinas, porque ha aprendido una lección que nunca olvidará. <>

*Este artículo fue publicado en este blog con el permiso del apologista Pablo Santomauro.

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