UNIVERSALISMO “CRISTIANO”

UNIVERSALISMO “CRISTIANO”

La doctrina de que todos serán salvos

por Pablo Santomauro

Universalismo es “la creencia de que todos serán salvos. Muchos grupos enseñan la doctrina del universalismo desde diferentes perspectivas. Algunos protestantes y católicos liberales intentan basarlo en la Escritura notando que Cristo murió por todos, y que el castigo eterno es incoherente con un Dios de amor y misericordia que desea que todos sean salvos”. [1]

La doctrina del universalismo es un típico ejemplo de cómo ciertas herejías que fueron condenadas por el cristianismo histórico en los primeros siglos, vuelven a resurgir en el siglo 19 para penetrar en mayor o menor grado los círculos teológicos hasta el presente. Fueron los primeros gnósticos, Basilidianos, Carpocratianos y Valentinianos, los que eliminaron el infierno eterno en favor de la redención universal.[2]

Clemente de Alejandría (150-220 d.C.) fue el primer cristiano en sucumbir ante esta doctrina, aunque existen indicios de que luego de un tiempo renunció a su universalismo para creer en el castigo eterno[3]. Fue su “estudiante del mes”, Orígenes (185-250 d.C.), el que desarrolló un tratamiento sistemático de la salvación que incluyó la reconciliación final de Satanás y sus hordas de demonios junto con todos los hombres. El castigo del infierno, según Orígenes, era correctivo, no punitivo. A través del sufrimiento todos los hombres y demonios ejercerían su libre albedrío y se reconciliarían con Dios. Este concepto se conoce como “universalismo cosmológico”. El universalismo de Orígenes fue condenado por la iglesia del este en los Sínodos de Alejandría, Chipre y Roma en los primeros siglos, y en el Quinto Concilio Ecuménico de Constantinopla en 553 d.C.

Luego de ser declarado una herejía, con excepción de algunos individuos aislados, el universalismo no reapareció en el escenario hasta la época de la Reforma, pero solamente en algunas sectas anabautistas. Volvió, entonces, a ser declarado herético en todas la confesiones reformadas.

En Europa, el universalismo fue propagado inicialmente por los Socinianos [4], los cuales rechazaban la mayoría de las doctrinas ortodoxas como la Trinidad, por ejemplo. Más adelante, la doctrina se promovió en Inglaterra y fue traída a América del Norte en 1770 por un predicador metodista, John Murray. Murray tuvo éxito en convencer a varios predicadores ortodoxos para que adoptaran la doctrina del universalismo. Los fundadores del universalismo americano creían en todas las doctrinas fundamentales del cristianismo con excepción del tormento eterno, pero esto duró poco. Tomó sólo una generación para que los universalistas abandonaran los otros esenciales de la fe para abrazar la teología Unitaria [5].

Uno de los teólogos de más influencia en el siglo 20 que promovió el universalismo fue Karl Barth (1886-1968), el padre del “nuevo modernismo” [6]. Su teología se puede reducir a una cláusula: El hombre escogido por Dios es Cristo, por lo tanto todos los hombres en Cristo serán salvos. La fe no es necesaria para la elección. Según Barth, la única diferencia entre el cristiano y el no cristiano es que el cristiano “conoce” que es salvo y el incrédulo no. Barth puso en la licuadora la doctrina calvinista de la gracia irresistible y elementos de la teología liberal como la salvación universal, esperando crear una “nuevo evangelicalismo”. De acuerdo con Cornelius Van Til, Barth produjo en vez de ello, un “nuevo humanismo” [6]. Algo debe quedar en claro, Karl Barth fue un neo-liberal que difícilmente puede ser llamado cristiano.

Hoy por hoy, teólogos como Clark Pinnock y John Stott, así como renegados de la iglesia católica como Hans Küng, han abrazado ciertas formas de universalismo, o su primo más cercano, el aniquilacionismo [7]. Existe también en estos días una clase de “universalismo barato” expresado en la teología callejera y aun en ciertos círculos más educados pero igualmente ignorantes. Según esta noción, el infierno no existe porque Dios jamás le haría daño a alguien. Dios es una especie de Santa Claus con una actitud de “los muchachos son así, ¿qué se puede hacer?” Este universalismo no tiene base teológica ni filosófica y es nada más que la esperanza ingenua o el deseo de la mente rebelde de que Dios no juzgue a los hombres por sus pecados.

Existe también un “universalismo filosófico” en el cual el hombre es visto como parte de la esencia divina. Esta noción es avanzada por la filosofía oriental y las sectas ocúlticas de occidente, donde el hombre vuelve a ser “uno con Dios”.

La tercera opción, la que trataremos de aquí en adelante, es el universalismo pseudo-cristiano. Los promotores de esta posición tratan de presentar una base bíblica para apoyar la esperanza de que todos los hombres serán salvos. Dentro de esta posición existen una infinidad de expresiones. Algunos sostienen que no hay tal cosa como castigo por el pecado y que todos ascendemos al cielo en el momento de la muerte. Otros “sienten” que inmediato a la muerte debe de haber un período de sufrimiento temporario para “purificar” a los pecadores. Algunos sitúan este sufrimiento temporario luego de la resurrección. Ciertos individuos y grupos hablan de que todos los hombres serán salvos en el futuro, otros dicen que todos son salvos ya.

Los argumentos bíblicos

Por razones de espacio, aceptaremos a priori la existencia del infierno y el destino final de aquellos que rechazaron a Dios de corazón, palabra y conducta. El caso bíblico por la existencia del infierno y el tormento eterno es más que sólido y por ello trataremos sólo con los argumentos en contra propuestos por los universalistas.

1) Los pasajes que usan la palabra “todos”

” Y yo [Jesús], si fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mi mismo”. Juan 12:32

“Así qué, como por la transgresión de uno vino la condenación a todos los hombres, de la misma manera por la justicia de uno vino a todos los hombres la justificación de vida”. Romanos 5:18

“Porque el amor de Cristo nos constriñe, pensando esto: que si uno murió por todos, luego todos murieron”. 2 Corintios 5:14

“[Dios} el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad”. 1 Timoteo 2:4

“El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. 2 Pedro 3:9

Pasajes como los anteriores son usados para demostrar que todos serán salvos. La esperanza de salvación del universalista parece descansar en la presuposición de que la palabra “todos” significa todos los seres humanos que viven, vivieron, y vivirán.

La falla del universalista consiste en no tomar en cuenta que las palabras deben ser interpretadas en base a cómo son usadas. Es crucial resaltar la importancia de la hermenéutica para no caer en la definición arbitraria de las palabras. Veamos algunos ejemplos:

“Y salía a él Jerusalén, y TODA Judea, y TODA la provincia de alrededor del Jordán, y eran bautizados por él en el Jordán, confesando sus pecados”. Mateo 3:5-6

“Y seréis aborrecidos por TODOS por causa de mi nombre …” Mateo 10:22

” Y salían a él TODA la provincia de Judea, y TODOS los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados”.

“Y vinieron a Juan y le dijeron: … de quien tú diste testimonio, bautiza, y TODOS vienen a él”. Juan 3:26

Estos pasajes prueban más allá de cualquier duda que es imposible suponer que la palabra “todos” significa automáticamente “todos”, o sea todo individuo que ha existido, existe y existirá.

Los universalistas también suponen simplísticamente que cada vez que aparece en la Biblia la palabra “mundo”, también se refiere a todos los individuos vivos, muertos y por nacer. También es fácilmente demostrable que no es así (Lc. 2:1; Jn. 1:10, 15:18, 17:9; 1 Jn. 2:15).

2) Pasajes que hablan de Cristo derrotando, sujetando, reuniendo y reconciliando

Los universalistas neoprotestantes usan pasajes que hablan sobre Cristo derrotando a todos sus enemigos y sujetando toda oposición a Su reino, como por ejemplo 1 Corintios 15: 22-28.

La verdad es que es un misterio para mí cómo la derrota de los enemigos de Cristo puede ser transformada en la salvación de estos. Creo que también es un misterio para los universalistas ya que nunca lo han explicado.

El hecho de que Jesús sujete a todos sus enemigos, humanos y demonios, no puede ser usado lógicamente para argumentar que Jesús salvará a todos los humanos y demonios.

Otro pasaje usado por los universalistas es Filipenses 2:10-11:

“para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre.

El hecho de que toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesús es el Señor, parece ser para los universalistas, prueba definitiva de que todos los hombres serán salvos en el final. Sin embargo, la lectura en el lenguaje original dice: “toda lengua debería confesar que Jesucristo es el Señor”. Las fuentes que he consultado indican que el tiempo de conjugación no es futuro sino tercera persona singular del aorista subjuntivo [8].

El pasaje no describe un evento futuro sino que expresa un deseo de parte de Pablo de que todos los hombres acepten a Cristo. Aun si lo dicho estuviera equivocado, o decidiéramos ignorar la gramática griega y el texto, e insistiéramos en que todos los hombres doblarán rodilla en el futuro, no significa que las doblarán para salvación. Puede ser que las doblen en derrota y reconozcan el señorío de Cristo, para luego continuar su camino a la perdición eterna. Suponer que si no aceptaron a Cristo hoy lo aceptarán luego en el infierno, es jugar con la imaginación.

¿Y los pasajes que hablan de Dios reuniendo (Ef. 1:10) y reconciliando todas las cosas en Cristo (Col. 1:20)? En sus contextos respectivos, estos pasajes no hablan de la salvación de los hombres. El texto revela que Cristo ha logrado todo lo que es necesario para completar el plan de salvación de Dios. Esto significa que en cierto punto Cristo restaurará o reconciliará el estado de perfección prometido en la profecía del AT. En otras palabras, se trata de una referencia al reino mesiánico y el lenguaje empleado es figurativo del alcance cósmico de la obra de Cristo.

3) Algunos universalistas hablan de un período de purificación en el infierno, luego del cual los hombres ejercerán su libre albedrío y serán salvos. ¿Es esto bíblico?

La Escritura nunca habla de una segunda oportunidad para arrepentimiento luego de la muerte. Por el contrario, luego de la muerte viene el juicio (He. 9:27). El juicio final en la Escritura parece ser decisivo en todos sus aspectos, y yo en lo personal no veo ninguna sugerencia de que la decisión pueda ser vetada o revertida en edades futuras.

La parábola rabínica usada por Jesús en Lucas 16 enseña claramente que no existía para el hombre rico la posibilidad de un escape de sus sufrimientos. Abraham le dice que “una gran sima está puesta entre nosotros (los justos) y vosotros (los injustos)”, de manera que los que quisieren pasar de aquí a allá, o de allá a aquí, no pueden (Lc. 16:26).

Cristo, además, expresa que tanto para el hombre rico ya muerto como para sus hermanos aún vivos, la oportunidad de arrepentirse se limita o limitó al período de vida en la tierra nada más.

En verdad, el tema de la salvación a través de toda la Escritura, está limitado al tiempo en que el ser humano está físicamente vivo (He. 9:27; 3:15-4:11, etc.).

La urgencia que los apóstoles pusieron en el tema de la salvación no puede ser ignorada (2 Co. 6:1,2). Esta urgencia está firmemente basada en la convicción de que una vez que la muerte ocurre no hay oportunidades posteriores para arrepentimiento y salvación. Esto es de una claridad cristalina en la Biblia.

El apóstol Pablo declara que para los incrédulos no existe ninguna esperanza después de la muerte (1 Tes. 4:13). Es por ello que podemos con certeza inamovible escribir en las tumbas de todos los no creyentes la frase “SIN ESPERANZA”.

Opinando desde el punto de vista de la Reforma, el arrepentimiento y la fe son el producto de la gracia de Dios y no el resultado de la voluntad del hombre. Por lo tanto no existe ninguna posibilidad de que los pecadores no regenerados se arrepientan y crean, una vez que están en el infierno.

Si Dios no les dio el don de arrepentimiento y fe en esta vida, los cuales son necesarios para venir a Cristo (Juan 6:45, 65), ¿dónde se encuentra la Escritura que indique que Dios les podría otorgar esos dones en la próxima vida?

El argumento del amor

Este argumento pretende explicarnos que la naturaleza de Dios, i.e., su amor, bondad y misericordia, infiere que todos los hombres serán salvos. Los mismos atributos, según el universalista, disipan o anulan toda idea o concepto de un castigo eterno.

Este argumento es despojado de seriedad intelectual cuando vemos que las Escrituras no sólo hablan del amor de Dios, sino también de la ira de Dios (Jn. 3:36; Ap. 6:17,17, etc.), y aun de la ira de Jesucristo. Todas las enseñanzas de Jesús presuponen la indignación divina contra el pecado.

El argumento del amor es un ataque ingenuo, aunque insolente, a la justicia de Dios, ya sea en su carácter o en sus obras. También revela una indiferencia patética por parte del universalista frente a la maldad en este mundo, y al mismo tiempo la atrofia imperdonable de su sentido de justicia (por favor, no se entienda esto como que el universalista es un imbécil).

Solamente basta observar los horrendos crímenes cometidos en nuestras sociedades hoy, para concluir que hay cierta gente que merece un lugar especial en el infierno, i.e, pagar por las monstruosidades cometidas. A estos crímenes podemos agregar la crisis moral que impera. Cosas que hoy nuestra cultura considera aceptables harían sonrojarse a los habitantes de Sodoma y Gomorra.

Pero también existe una necesidad moral de que la justicia de Dios se manifieste con aquellos que la niegan (los universalistas y aniquilacionistas, por ejemplo). Dante (a quien no recomiendo como teólogo) dijo acertadamente que en el infierno había un lugar especial para los que no hacen nada en tiempos de crisis moral. Los que enseñan el universalismo y la doctrina de la aniquilación deberían poner atención a don Dante, ya que sus enseñanzas propagan la idea de que Dios no considera las transgresiones morales dignas de ser castigadas.

El universalista, además, hace gala de una paupérrima noción de pecado. Generalmente le llama error en lugar de aceptarlo por lo que es, rebelión contra Dios. Para ser justos, no sólo el hereje universalista niega la existencia del infierno, sino que de alguna forma lo hacen también ciertos predicadores ortodoxos, ya que parecen competir para ver quién de ellos surge con la definición más barata e insignificante de pecado. Todo lo que escuchamos los domingos por la mañana es el “evangelio del amor” totalmente carente de responsabilidad moral.

Volviendo al universalista, digamos que cuando éste habla del amor, la bondad y misericordia de Dios, no lo hace en relación a los atributos de Dios. El amor de Dios en el glosario universalista es más bien una debilidad amigable, una indulgencia indiferente o una actitud tolerante. El amor de Dios es reducido a un sentimiento cursi semejante a una emoción humana.

Decir que el amor de Dios excluye el castigo eterno y garantiza la salvación de toda la humanidad es sólo una ilusión ingenua y/o un deseo utópico fomentado por el humanismo optimista. ¿Dónde en la Escritura dice eso? ¿Acaso el concepto es revelado en la naturaleza? Los resultados del juicio de Dios por el pecado del hombre son fácilmente visibles en todo aspecto de la naturaleza, desde el clima y los desastres naturales hasta la crueldad en el mundo animal. Claro que si usted es un “verde” le va a echar la culpa al calentamiento global, y si usted es una de esas criaturas obsesionadas con las bestias, que se pasa observando los canales Discovery o National Geographic, no verá nada malo.

Quizá le resulte extraño, pero el amor de Dios, concebido como lo entiende el universalista, i.e., dos gatitos en una canasta, una cosquilla en el estómago, un abrazo de oso peluche, no salva a nadie. Por otro lado, el amor de Dios tal como la Escritura lo describe, tampoco salva a nadie por sí mismo, y mucho menos a toda la humanidad. La mención del amor de Dios en la Biblia se da únicamente en el contexto del sacrificio vicario de Cristo (Jn. 3:16; Ro. 5:8). Es la manifestación del amor de Dios en Cristo lo que salva al pecador, no el “amor” como un mero sentimiento.

El argumento de la gracia triunfante

Este argumento sostiene que la gracia de Dios triunfa y se muestra en que todos los hombres ya son salvos. El concepto fue popularizado por Barth en su intento de usar la noción calvinista de la gracia como vehículo para el universalismo. Por razones de espacio evitaremos incurrir en el desarrollo histórico de la estratagema liberal para mejor centrarnos en algunas incongruencias de la posición.

Primero que todo, la definición bíblica de “gracia” es mayormente expresada en la Biblia en referencia a pecadores en un sentido individual, i.e., Dios manifestando el don de Su gracia a ciertos personajes. Cuando se toma la gracia de Dios y se le universaliza, ésta pierde su carácter de don, i.e., deja de ser gracia. Una vez que la gracia es transformada en algo que Dios le debe a todos los hombres, ya no es más la gracia bíblica y pasa a ser una obligación de Dios para con la humanidad. La Biblia es clara respecto a que la gracia es un regalo de Dios y no una deuda (Ro. 4:1-5; 11:6).

En la doctrina universalista, la muerte de Cristo en la cruz no es un acto por el cual Cristo, como nuestro substituto, nos salva de la ira venidera, ya que no hay ninguna ira venidera. Si todos son salvos, las distinciones bíblicas entre los salvos y los perdidos, la ovejas y los cabritos, los elegidos y los reprobados, los que están bajo la ira de Dios y los que nó, la iglesia y el mundo, etc. pierden todo sentido lógico. La Biblia pasa a ser un libro lleno de mentiras y ser cristiano equivale a ser un débil mental (algo que muchos ya creen de todas maneras).

El argumento de la gracia triunfante anula la urgencia del evangelio al eliminar el llamado a los hombres para que tomen una decisión por sí o por nó. Al hacer esto, pone la decisión solamente en manos de Dios y proclama que la decisión ha sido ya tomada. Paralelamente, ignora la advertencia del evangelio a los pecadores que de no arrepentirse perecerán y el juicio escatológico de la Escritura pasa a ser un tigre de papel.

Conclusión

El universalismo es un sueño optimista, una esperanza falsa y un consuelo de tontos (por aquello de “mal de muchos, consuelo de tontos”). Es bíblica y lógicamente insostenible, puede catalogarse como hereje y coloca a aquellos que lo enseñan en el campo de los que niegan el cristianismo. <>

Notas:

1) Dictionary of Christianity, p. 1205

2) Por un breve perfil de estas sectas, ver (en inglés): http://hellbusters.8m.com/upd7.html

3) McClinton and Strong, Vol. X, p. 658.

4) Socinianos: creyentes en el Socianismo, una secta antitrinitaria iniciada en el siglo XVI por los hermanos Lelio y Fausto Socini.

5) Unitarianismo; teología que niega la Trinidad y abraza doctrinas incompatibles con el cristianismo, que encuentra su máxima expresión en las iglesias unitarias-universales. Puede considerarse como unade las iglesias liberales que siguen llamándose cristianas a pesar de negar la la doctrina ortodoxa. Los teólogos liberales no deben ser considerados cristianos, sino humanistas que han invadido algunas iglesias otrora cristianas.

6) C. Van Til, Karl Barth and Evangelicalism (Philadelphia: Pres. & Ref. Pub. Co., 1965), p. 32.

7) Por un tratado extensivo de la doctrina del aniquilacionsimo, ver:

8) G. Machen, New Testament Greek fot Beginners (New York: The Macmillan Co., 1923), pp.132, 197. La palabra kamptw está en el aorista subjuntivo singular. En este pasaje se usa en conexión con hina, lo que significa que kamptw no describe un evento futuro, sino simplemente lo que debería ser o suceder. Cuando el subjuntivo es usado con ean, se refiere a una condición futura, pero en Fil. 2:10 es usado con hina, lo que significa un deseo de parte de Pablo de que todos los hombres deberían reconocer a Cristo.

Obra recomendada:

DEATH and the Afterlife, Robert Morey, Bethany House Publishers (inglés).

Este libro es actualmente el mejor y más completo material sobre el tema en el mercado y fue de valiosísima ayuda en la investigación realizada antes de escribir el artículo. Muchos de los conceptos en el libro han sido transmitidos en mi artículo con la correspondiente variación en estilo.

Pablo Santomauro

*Este artículo ha sido publicado en este blog con el permiso del apologista Pablo Santomauro.

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