Ingestión de sangre vs. Transfusión de sangre

Ingestión de sangre vs. Transfusión de sangre

Por: Examinando la Watchtower

La Biblia nos dice que Jesucristo dio su vida y derramó su sangre para que tengamos vida en abundancia (Vea Juan 10:11; 1 Pedro 1:18-19; Apocalipsis 5:9).

Jesucristo mismo dijo:

Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos. Juan 15:13

La Sociedad Watchtower enseña en sus publicaciones a los “testigos de Jehová” que inyectar sangre es lo mismo que comerla, dicen que igual error cometería un individuo que, por obediencia a su médico, se abstuviera de beber alcohol pero no de inyectárselo. Aquí también tuercen el curso de la verdad, porque no es con sangre que se alimenta al paciente cuando no puede ser alimentado por la boca, sino con vitaminas, proteínas y minerales, por vía in­travenosa; y por lo general recibe el alimento a través de sondas, por la boca y nariz.

¡Tal razonamiento resulta ser totalmente absurdo e incoherente si se analiza cuidadosamente! Ya que aún los alcohólicos (estando en estado de ebriedad) saben que su embriaguez se debe a que toman el licor por placer, pues hasta ellos saben que resultaría un daño enorme inyectárselo directamente en las venas.

Para los testigos de Jehová, ingerir sangre es lo mismo que transfundir sangre, y por lo tanto, ambas son una clara violación a la ley de Dios, pero esta afirmación no tiene ningún sustento bíblico. ¿O pueden citar los testigos de Jehová donde dice la Biblia que Dios prohibe las transfusiones de sangre?. Es cierto, Dios prohibió comer carne con sangre, derramar sangre, o comer sangre. Pero las Escrituras no contienen ni un sólo versículo que prohíba implícita o explícitamente hacerse transfusiones de sangre. Y como no existe tal mandamiento de Dios sobre esto, entonces DEBEMOS RESPETAR EL SILEN­CIO DE DIOS y hagamos sólo lo que él manda.

Pero esto, hermanos, lo he transferido por ejemplo en mí y en Apolos por amor de vosotros; para que en nosotros aprendáis a no pensar más de lo que está escrito, para que ninguno de vosotros se envanezca, por causa de uno contra otro. (1 Corintios 4:6)


Dios no quiere sacrificios humanos, mucho menos que ofrezcamos en sacrificio a nuestros familiares, amigos, hijos, padres, hermanos, etc. Este proceder está más relacionado al paganismo religioso de los antiguos adoradores de Moloc, como Acaz y Manasés, pero JAMÁS del verdadero cristianismo. Los Testigos de Jehová cometen un gran pecado cuan­do se oponen cruelmente a que sus hijos o sean tratados mediante transfu­siones de sangre, para aliviarlos del dolor o salvarles la vida. Dios no justificaría a un individuo que, sólo por tener derechos de patria potestad, condene a su hijo a la muerte al impedir que se le haga una necesaria transfusión de sangre a causa de un trance mortal. Las leyes humanas, cuando asocian esta cruel actitud con el homicidio o con el abandono al que estuviere en peligro de muerte, castigan con cárcel, muy severamente, al que así incurre. Y es aquí adonde debemos hacer esta pregunta: ¿Será más benigna la justicia divina que la justicia humana para con tal individuo?

Cabe preguntarse, cuando un padre testigo de Jehová doctrinalmente comprometido con la Watchtower, deja morir a su hijo por impedirle una transfusión de sangre, ¿a quién le es inmolada esa víctima? ¿A Jehová Dios, por obediencia a su palabra, o a Satanás, por el irra­cional acato a lo establecido por el moderno Moloc (la Sociedad Watchtower cuyo altar se encuentra en New York?
A diferencia de otros dioses de hechura humana, como Baal y Moloc, el verdadero Dios, quien nos ama tanto, nunca ha demandado de los hombres sacrificios humanos; (el caso de Abraham registrado en Génesis 22:1-13, Dios obró de esa manera sólo para probar la fe y obediencia de su amigo; pues fue Dios mismo quien impidió, por medio de un ángel, que el sacrificio se consumara.) Es indudable que todo fiel aliado de la Watchtower que sacrifique su propia vida o la de un ser querido, por oponerse a una transfusión de sangre, tendrá que responder ante Dios por los delitos de homicidio e idolatría.

A continuación veamos un cuadro paralelo que, en síntesis, establece la diferencia entre lo que es la ingestión de sangre —comerla— y la transfusión de sangre —transferirla de las venas de un individuo a las de otro—

INGESTIÓN DE SANGRE

TRANSFUSIÓN DE SANGRE

1. En la ingestión de sangre, ésta es llevada a la boca, aceptada por el paladar, recibida por el aparato digestivo y, finalmente, evacuada del organismo.

1. En la transfusión de sangre, ésta se introduce por las venas. La sangre del donante se mezcla con la del receptor y sigue viva sin que la expele el organismo.

2. El que come sangre, lo hace por placer.

2. El que recibe una transfusión de sangre, la recibe con dolor.

3. La sangre que se come pertenece a un animal muerto.

3. La transfusión se hace con sangre que pertenece a un ser humano vivo.

4. Al comer sangre, ésta pasa de un animal muerto al organismo de un individuo vivo.

4. En la transfusión, la sangre de un ser humano vivo pasa a las venas de otro ser humano vivo.

5. La sangre que se come pertenece a un animal, al que por apetito se le ha quitado la vida.

5. La transfusión de sangre se hace por emergencia, y no se le quita la vida a nadie.

6. Toda ingestión de sangre in­dica que se le ha quitado la vida a un animal.

6. La transfusión de sangre no quita la vida a nadie, sino da vida al que la recibe.

7. Se puede vivir saludablemente sin comer sangre.

7. La transfusión de sangre, en muchos casos, es indispensable para salvar una vida.

8. El animal que ha sido muerto para extraerle la sangre no tiene valor espiritual ante Dios. Al matarlo no se influye para salvación o condenación. Simplemente deja de existir.

8. La vida humana sí es de gran valor ante Dios. Cuando, desinteresadamente, donamos sangre para una transfusión, agradamos a Dios mediante el amor y servicio a nuestro prójimo.

9. Si no ha muerto el animal, no es posible comerse su sangre.

9. La transfusión de sangre se hace de un ser humano vivo a otro ser humano vivo.

10. Para comerse la sangre de un animal, primeramente hay que matarlo.

10. En la transfusión de sangre el donador expresa su voluntad y deseo de ayudar a un ser humano que sufre.


En ningún lado de la Biblia se da a entender que las transfusiones de sangre sean contrarias a la voluntad de Dios. Más bien, por ser éstas una operación que contribuye a la conservación de la vida, deben definirse como una manifestación del bien y como una de todas las bon­dades que conforman el agrado de Dios.

Para más información vea el artículo (en PDF): ¿Quién prohibe las transfusiones de sangre, Dios o el hombre?, por Lucio Cassío, quien nos dice:

“Creí que ellos [los testigos de Jehová] tenían la verdad y, sin fanatizarme, por catorce años milité en sus filas, hasta que Dios, en su bondad, me libró de sus falsas enseñanzas…”

*Este artículo fue publicado con el permiso de EXAMINANDO LA WATCHTOWER.

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